Globos amarillos para la fiesta del endeudamiento perpetuo

Juan Giosa
27 - 03 - 2017
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Cuando el objeto de estudio es la Deuda Externa, no corresponde, bajo ningún aspecto, distinguir entre partidos políticos, puesto que todos ellos han sido -y son- funcionales a la estructura financiera que se sirve del endeudamiento estatal perpetuo para mantener incólume su influencia en diversos ámbitos de la vida política. En este sentido, estamos en condiciones de afirmar que la política financiera K no se opone a la actual de Macri, sino antes bien, fue complementaria.

Por Pedro I. Tauzy (*)

Tras la debacle financiera que culminó en el 2001 con el famoso “corralito”, la Argentina entró en una suerte de “plan de pagos” de una deuda probadamente ilegítima e ilícita en su gran mayoría. La Justicia Federal, en el año 2000, a partir de la honorable labor investigativa de don Alejandro Olmos, determinaba la absoluta evidencia de, por lo menos, 477 ilícitos penales en la contracción de la deuda privada externa -que al día de hoy seguimos pagando- y exigía al Congreso de la Nación se cumpla con la debida investigación y, en su caso, rechazo de la misma. No obstante, nada de ello se hizo bajo la administración K. Todo lo contrario. Fuera del relato nada hay de realidad. Jamás se investigó la deuda, haciéndose oídos sordos a nuestra Justicia Federal. Tampoco es cierto que el país se haya desendeudado. De hecho, la deuda creció considerablemente: el kirchnerismo recibió una deuda pública de unos $152.600 Millones de Dólares y al abandonar su gestión en el año 2015, la misma había trepado a $260.000 Millones de Dólares. La tarea de la administración matrimonial Kirchner en materia financiera consistió en pagar prioritariamente deuda externa a los acreedores internacionales, transformando la Deuda Exterior en Deuda Interna.

Debido al rotundo fracaso del Megacanje Kirchner- Lavagna 2005-2010, se pasó a pagar la Deuda Externa a través de diversos modos recaudatorios. Para ello se aumentó fuertemente la presión tributaria; se recurrió a la emisión monetaria sin verificarse un crecimiento económico que la respaldara, lo cual agravó el drama inflacionario; se estatizaron las AFJP para manotear sus fondos a los fines ya aludidos, y lo propio se hizo con el Banco de la Nación, ANSES y el Banco Central. Cabe señalar detenidamente, que se ha ido pagando con reservas internacionales del Banco Central (BCRA), siendo ésta la verdadera causa de su descapitalización (y no los bolsitos de López, ni los cuentos televisados por TN –Clarín). A su vez, dicho organismo se vio obligado a endeudarse para reponer aquellas salidas.

La realidad es que el gobierno anterior dejó un incendio, al cual el gobierno de Macri le está echando gasolina, puesto que, como alega el Lic. Héctor GIULIANO, ha empeorado todas las variables económicas posibles. ¿Qué ha venido haciendo la actual administración de Mauricio Macri? Además del pago espurio, fraudulento y abusivo acordado con algunos holdouts (lo cual, increíblemente, fue celebrado y aplaudido por todos los medios de comunicación), en poco menos de un año ha endeudado al país en cifras a un ritmo récord; ha hecho de la Argentina un paraíso financiero bancario; y con ello, ha generado una fuerte recesión económica acompañada de altos índices inflacionarios.

La supuesta solución que proponía -apenas asumió- el macrismo para acabar con el déficit fiscal, para bajar la inflación y para cumplir con su promesa de “pobreza cero”, era la de “atraer inversiones”. Sin embargo, tras un año y un poco más de su gestión, las mismas no han llegado, y eso se debe a que con sus medidas y su política económica y monetaria, se han generado todas las condiciones adversas a tal efecto.

En tan sólo un año y aproximadamente dos meses de gestión macrista, la Deuda Externa ha crecido a un ritmo escalofriante. Por supuesto que siempre se intenta paliar la lógica y natural preocupación que este hecho genera, con algunas conocidas cortinas de humo como aquella que se expresa ad nauseam: “el Estado se endeuda para realizar obras de infraestructura y para inversiones”. No es cierto. La deuda que se toma se hace con el sólo objeto de pagar deuda vieja y de cubrir el déficit, lo cual genera mayor Gasto Público que provoca, a su vez, más déficit que se cubre con más deuda. El perfecto círculo vicioso de la trampa de la deuda.

En tan sólo un año de gobierno, la actual administración Cambiemos ha endeudado al país en casi U$55.000 MD más (U$55.000.000.000). Deuda que ha sido tomada sin la más mínima demostración de capacidad de repago, violando así lo dispuesto por la Ley 24.156 de Administración Financiera del Estado y sus disposiciones conexas.

Conforme veremos aquí, el dinero que se destina para el pago de los intereses de la Deuda Pública desplaza el destino de recursos para otros fines de mayor importancia y productividad. Por empezar, la Ley de Presupuesto 2017 prevé para este año la colocación de nueva deuda por alrededor de U$96.400 MD más por un lado; y el pago de Servicios de la Deuda (intereses + gastos y comisiones, pero no Capital) por alrededor de U$16.500 MD ($247.632.048.777 de Pesos).

Lo más relevante de todo esto, y que es lo que no suele decirse, es que toda la Deuda que se toma no se destina al crecimiento económico y productivo de la Nación, sino que se toma para sostener el Gasto Corriente y cubrir el Déficit Fiscal.

Pareciera, según las opiniones de los grandes medios y recientemente del actual Ministro de Finanzas –un tal Nicolás Dujovne- que el gran drama de nuestra Deuda no es preocupante en absoluto, ni influye negativamente en nuestra economía. Mejor aún, pareciera que no influye ni golpea los bolsillos de los ciudadanos argentinos. Nada de ello es cierto. Desde hace cuatro décadas, la Argentina está endeudada muy por encima de su capacidad de repago, lo que la obliga a vivir pagando sólo los intereses, refinanciando permanentemente su capital.

Es que como bien lo expresa el Lic. Héctor GIULIANO, existe una pseudo racionalidad financiera de base neoliberal que sostiene que no hay posibilidad de crecimiento económico sin endeudamiento. Sin embargo, no nos cuesta afirmar que la deuda, no sólo no es indispensable para el crecimiento económico, sino que es el principal obstáculo para ello. Principalmente porque los tiempos de las finanzas son más rápidos que los de la economía: antes que se logre verificar mayor producción y desarrollo económico, ya se deben pagar los intereses de la deuda. En definitiva, el endeudamiento opera con más fuerza sobre los gastos del Estado, que sobre el recupero que éste puede llevar a cabo sobre la inversión del dinero.

Este Sistema de Endeudamiento Estatal Perpetuo distorsiona y desnaturaliza la estructura financiera del Estado, que cuenta principalmente con tres fuentes de financiamiento: a) la recaudación tributaria; b) la emisión controlada de la moneda; y c) la Deuda Pública. Pero tras haberse adoptado el endeudamiento público como la principal fuente de financiamiento estatal – cuando originariamente sólo se recurría a la Deuda para cuestiones excepcionales- se ha llegado a tal punto que convivimos con una Deuda impagable que se auto reproduce y no para de crecer. Esta deuda impagable, obliga al Estado a aumentar las otras dos fuentes de financiamiento, porque para pagar los servicios de la deuda –Intereses- se aumenta la presión tributaria por un lado, y se aumenta la emisión monetaria para sostener el Gasto Público, por el otro.

Es por esto que resulta esencial comprender que la colocación de Deuda no viene a financiar nuestra economía. Toda la emisión de Deuda, y en particular la que se ha venido tomando en este año de gestión macrista, se destina pura y exclusivamente a: 1) refinanciar vencimientos de Capital de Deudas impagables (con lo cual éstas crecen); 2) pagar Gasto Público (cuyo rubro más fuerte en crecimiento es, paradójicamente, el de los Servicios de la Deuda; 3) Cubrir el Déficit Fiscal.

Chania

La manera más concreta, entre otras, de ver cuánto esto afecta en el bolsillo del ciudadano es a través del aumento constante de los tributos. En el Proyecto del Presupuesto 2017 presentado por el oficialismo se expresa claramente que “la recaudación de impuestos nacionales y de aportes y contribuciones de la seguridad social alcanzará en el año 2017 los $2.532.186,9 millones de pesos, por lo cual será 26,8% superior a la estimada para el año 2016”. Es que, como bien lo expresa el analista Adrián Salbuchi, el Estado opera como agente de retención del trabajo y la riqueza generada por el pueblo trabajador para el pago de la deuda. Deuda que, cuanto más crece más fuerte pesa sobre la presión tributaria.

De esta manera, con la combinación de fuerte presión tributaria + dólar barato o retrasado + altas tasas de interés, se pone toda la economía del Estado al servicio de las Finanzas, o más específicamente al servicio del pago de la deuda y la toma de adicional de la misma, en desmedro de la producción y el desarrollo. El resultado es la estanflación (estancamiento o paralización en la economía productiva con inflación).

Tal como lo ha expresado en reiteradas oportunidades el anterior Ministro de Finanzas, Alfonso Prat Gay, y cuya línea mantiene el actual Nicolás Dujovne, la Argentina depende financiera y políticamente del endeudamiento. Se sostiene y gobierna con deuda, en base al mito de la Confianza de los mercados de capitales. Lo cierto es que en cuanto se corte el flujo de Deuda, la Argentina entraría automáticamente en Default por crisis en el pago de Intereses. Ello es sumamente preocupante por cuanto la Argentina no depende de sí misma, sino de los avatares de las finanzas internaciones (o bien, de la voluntad de los actores que las operan). Pero a ello, debe sumársele que la Argentina se encuentra hoy endeudada a niveles récord y, por supuesto, muy por encima de su capacidad de repago.

Creemos que en la praxis, la doctrina empleada por el ministerio económico de Mauricio Macri se halla en la línea incorrecta, por cuanto privilegian irrestrictamente el mercado financiero especulativo del ahorro por sobre la producción. Medida, ésta, que además va en desmedro del bolsillo de las clases trabajadores, usualmente menos propensas al ahorro y más predispuestas al consumo. En ese sentido, nada de innovador hay en las medidas económicas adoptadas por el actual gobierno, sino que continúan aplicando las mismas recetas que ya han fracasado rotundamente y llevado a nuestro país a las peores debacles económico-financieras sufridas a lo largo de su historia.

Esto se da porque invariablemente se prioriza la liquidez y el ahorro por sobre la inversión productiva y el consumo. Cuando se generan condiciones como la actual, donde se estimula la especulación financiera, se beneficia a los sectores de mayores ingresos, ya que, por lógica económica, cuanto mayor es el nivel de ingresos de un sector, mayor es la preferencia por la liquidez y así se genera una propensión más alta al ahorro, lo que implica menor propensión marginal a consumir. Se reduce el consumo, con el fin de liberar factores hacia la inversión financiera especulativa.

En consecuencia, dado que no se generan inversiones productivas (porque se prefiere el ahorro con el mantenimiento de altas tasas de interés), bajan los salarios y el nivel de empleo, por ende baja el consumo (la demanda), lo que determina que la oferta se retraiga (es decir, la paralización de la producción de bienes y servicios, por no encontrar demanda suficiente). Mientras tanto, crece exponencialmente el dinero espurio financiero, que al no encontrar una contrapartida en crecimiento de bienes y servicios reales de la economía, se gestan nuevos procesos inflacionarios. Allí la causa del actual fenómeno de estanflación (estancamiento con inflación) que vivimos en la Argentina.

La Argentina se encuentra sumida en la trampa de la deuda de la que no tiene salida alguna mientras continúe adoptando las medidas ya fracasadas. Deuda ésta impagable por cuanto la Argentina no tiene capacidad de repago, a la vez que su economía se encuentra paralizada. Ergo, nada nos asegura que nuestro país no vaya a entrar en una nueva crisis en el pago de intereses, lo que provocaría un nuevo Default catastrófico. La realidad, nos advierte lo contrario.

¡Cambiemos YA!

(*) Artículo editado por Juan Giosa en base al texto original del autor. Para acceder al artículo completo hacer click aquí

Fuente: Ateneo Cruz Del Sur